El desubicado

Pasó hace poco. Seguro que me perdonas que no dé detalles que permitan saber dónde. Era un evento público en un auditorio, con cientos de personas en sus butacas. Y ahí estaba ÉL, el todopoderoso. ¿Quién? El altísimo directivo de la entidad que patrocinaba. Comenzó con una coletilla que da muchas pistas: lo de «seré breve». Y empezó su perorata. ¿De qué habló? Pues estuvo diez minutos de reloj, ¡diez!, glosando…