Tu aseguradora te pisotea con un 902

Estás conduciendo en un atasco y de pronto ¡ZAS! Un conductor despistado se empotra contra tu coche y te hace un abollón. “Ahora me toca dejarlo en el taller una semana y buscarme la vida sin coche”, piensas. Y caes en que llevas tantos años sin darte un golpe que no recuerdas ni cuál es tu seguro.

Buscas en la guantera o en internet el teléfono de siniestros de tu aseguradora y ves que te obligan a llamar a un 902 (a 1 euro por minuto).

Después de años pagando miles de euros por un seguro que nunca usaste, llega el día estrella para tu compañía de seguros, el día en que puede brillar y mostrarte qué gran servicio te dan… y lo arruinan en el peor momento posible para defraudarte.

Estabas de mal humor porque fuiste víctima del fallo de otra persona, te sientes mal porque tendrás que madrugar más y llegar tarde a casa por no tener coche… y encima te toca pagar una fortuna por la llamada al seguro. Lo que te faltaba…

Tu aseguradora te pisotea con un 902

Es la guinda que te hace decidir, ipso facto, que en cuanto venza esa póliza te irás con una compañía que sientas que te trata con principios. Por más que un 902 genere ingresos, es un agujero negro por el que se te escapan a chorros clientes tapándose la nariz, aunque no los veas. Pero se van, lo creas o no. ¿Cómo se corrige esto? Ten teléfonos de atención a tus clientes -los que ya te pagan por tu producto o servicio- que sean gratuitos (o provinciales, que están incluidos en las tarifas planas).

Un 902 para clientes es siempre una mala idea y una bajeza que arruina tu marca. Y ve más allá: coge esa llamada y aprovéchala para convertir el momento de bajón de tu cliente en una experiencia excepcional. Si lo consigues, no habrás solucionado un siniestro: enamorarás a un cliente que te acabará comprando más seguros y te recomendará.